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Indagar el éxito

Seguro que has recibido y ofrecido felicitaciones a muchas personas. Alguien hace un buen trabajo y le felicitamos. Hasta aquí todo bien, la intención es buena, queremos motivar a esa persona.

¿Qué sucede cuando felicitamos a alguien? Lo habitual es que nos dé las gracias y fin de la conversación. La persona se siente bien, a algunas personas les da cierta vergüenza y dicen frases tales como, “no ha sido nada”, …

Este artículo propone otra aproximación incluso mejor. Cuando algo sale mal nos empeñamos en preguntar por qué, queremos analizar las causas del fallo, nos parece lo más productivo. Obligamos a la persona a justificarse. Nos convertimos en expertos de lo que NO funciona. No está claro que indagar el fallo nos lleve al éxito. Como mucho, nos llevará a fallar menos.

¿Qué hacer cuando se produce el éxito? ¿Cómo generar una conversación que genere aún más éxito?

Nuestra propuesta es indagarlo preguntando: ¿qué has hecho para tener tanto éxito? Esta pregunta genera una conversación productiva. Estamos tan poco acostumbrados a indagar éxito que la persona no sabe contestar de forma rápida, se lo tiene que pensar y es bueno que lo haga. Se dará cuenta de los factores que han funcionado, “lo mejor de lo que hay” para hacerlo más y mejor. Por tanto, la persona aprende sobre lo que SI funciona y los aspectos esenciales que han hecho que funcione. Se sentirá mejor que felicitándole, ya que le estamos considerando como fuente de aprendizaje. Al preguntar le estamos diciendo: ¡quiero aprender de ti! Esto es reconocer a la persona con mayúsculas.

Lógicamente el que pregunta puede seguir indagando aspectos relevantes según va avanzando la conversación. El que pregunta aprende mucho, aprende cómo las personas con las que trabaja tienen éxito, las fortalezas que utilizan, así como las fortalezas y recursos de la organización que ponen en juego.

El entrevistado pone en valor su talento y aprende a utilizarlo. Es más fácil que una persona evolucione positivamente indagando el éxito que penalizando sus fracasos.

Un ejemplo muy habitual y que hemos vivido todos es cuando te llegan las notas de tus hijos. Lo más habitual es una breve felicitación de lo conseguido para, inmediatamente, pasar a preguntar sobre las notas que no han salido bien. El niño se justifica y se queja, ya sea del profesor, la asignatura, el examen o cualesquiera otras circunstancias; la creatividad suele ser alta. La autoestima cae a la vez que la energía y la ambición.

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Otra forma de abordar la situación es indagar qué hizo para tener tan buenas notas allí donde las obtuvo. El niño empezará a descubrir lo que le lleva al éxito, su emoción es de satisfacción, aumenta su autoestima al conocer, de primera mano, sus fortalezas y la forma de utilizarlas.

Al finalizar la indagación, se le puede preguntar: ¿cómo puedes utilizar todo este talento que tienes para esta asignatura, (la que ha salido mal)? Seguro que lo descubre.

Mirar las situaciones desde la abundancia hace que todo cambie.

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