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Inteligencia Colectiva y Jazz

La inteligencia colectiva se parece mucho al Jazz. Cuando los músicos de Jazz interpretan una obra, ésta tiene una base previamente acordada, pero lo mejor empieza cuando un músico se sale de lo establecido y los demás le siguen en una improvisación efectiva. Es donde los conciertos cogen mayor intensidad y conexión con el público y cuando los músicos se presentan en toda su autenticidad, cuando más disfrutan. La improvisación coordinada es la riqueza del Jazz.

En las organizaciones se valora el liderazgo dándole un papel vital en todas las facetas de la organización, pero son los seguidores lo que hacen grande al líder. En el Jazz como en las conversaciones, lo más importante son los segundos, los seguidores.

La mayor virtud de un seguidor es la escucha. Estar atento a los demás mientras tocan, interpretar la intención, el ritmo y la melodía que surge sin previo aviso y poner toda tu destreza para que la pieza que lidera otro sea un éxito.

El seguidor aporta generosidad, multiplicándola y reviviendo la de los demás. Al ofrecer toda tu capacidad cuentas con la capacidad de todos los demás cuando lo consideras oportuno. Esta característica del Jazz hace que sea una música tan creativa que es imposible escuchar en directo la misma pieza dos veces.

En el Jazz si un músico se equivoca, construyen sobre la equivocación creando algo bello e inesperado. Es una actitud afirmativa ante lo que acontezca, es pensar que lo que está pasando tiene un potencial, sea el que fuese.

El Jazz es un buen ejemplo de inteligencia y acción colectiva de forma simultánea. El Jazz tiene un equilibrio entre el tema elegido y la creatividad del momento presente, una combinación de dirección y libertad.

En una conversación la escucha es la reina, escuchar es lo que da sentido al hablar y lo que permite unir ideas y desarrollarlas, seguir el flujo de la conversación.

Hay, al menos, tres formas improductivas de escuchar: taza llena, taza rota y taza sucia.

Una persona con taza llena está tan colmada de sus propias ideas que no le cabe nada y cuando terminamos de hablar nos contesta con su libro, en vez escuchar, espera su turno para hablar. En una taza rota el líquido se va, no retiene, en la escucha es falta de concentración, de interés real por la opinión del otro. En una taza sucia entra un líquido y se convierte en otra cosa. Cuando nuestra emoción es improductiva solo escuchamos aquello que corrobora nuestra emoción. Decimos una cosa y se entiende otra.

El seguidor, la figura más importante en una conversación, escucha con la taza vacía, de una pieza y limpia. Se hace consciente cuando el otro tiene una idea, pone su atención en entenderla, especialmente si no le cuadra, se focaliza en la abundancia, pone su capacidad en descubrir cuáles serían los beneficios de llevarse a cabo de forma excelente, para a continuación dialogar sobre cómo conseguir esos beneficios, llegando a un lugar posiblemente inesperado para todos los participantes en la conversación.

El seguidor junto con el resto de seguidores, se pone en “Pensamiento Azul”, en explorar las máximas posibilidades de la idea. Pensar en Azul es hablar de “Porqué Si” y “Cómo Si”, es pensamiento creativo.

Recomiendo el Libro “Say Yes To The Mess” de Frank Barret. Libro en el que he encontrado la inspiración en el Jazz.

 

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