Apreciar es mucho más que ser positivo

Por Cristina Sendino, partner de Madavi the YES Company

¡Buenas noticias! Se ha descubierto un nuevo músculo en el cuerpo humano. Es el músculo apreciativo, y como somos de la misma especie, lo tenemos todos.  Una masa de tejido que, mediante la contracción y relajación, sirve para producir movimiento.

Tenemos más de quinientos músculos diferentes y con ellos realizamos movimientos voluntarios e involuntarios, pero… movimientos ¿hacia dónde?

Despertando al músculo apreciativo

El músculo apreciativo se despierta en el momento en que voluntariamente, elegimos fijarnos en las fortalezas, recursos y oportunidades de los otros humanos que nos rodean, y de las situaciones que vivimos cada día en cualquiera de nuestros entornos.

Dirigimos nuestra mirada hacia lo mejor de lo que hay. Nos focalizamos en explorar y descubrir los momentos más geniales preguntándonos, investigando y visualizando nuevas oportunidades.

Así es como despertamos el músculo apreciativo. Se trata de que busquemos esas pequeñas cosas que le hacen salir del largo letargo.

Empiecen por apreciar una situación cotidiana, por hacerse preguntas incondicionalmente positivas. ¿Cuál es el mayor aprendizaje de este momento? ¿Qué ha salido increíblemente bien? ¿Cómo podemos repetirlo y hacerlo incluso mejor?

Ya hemos despertado el músculo apreciativo. Apreciar es mucho más que ser positivo. Es hacerse la pregunta de cuál es el potencial que tiene este momento, aunque no nos guste lo que estamos viviendo. Porque cualquier momento tiene un potencial.

A pesar de haber sido educados (mayoritariamente) en ver lo que no funciona y lo que nos falta para llegar a algún sitio mejor, es posible ver el potencial que nos rodea con la intención de activarlo. Se trata de buscar esas pequeñas cosas que hacen despertar el músculo apreciativo: la forma de preguntar y las preguntas que hacemos, las palabras que utilizamos y cómo las expresamos tanto verbalmente como con nuestro cuerpo, cómo escuchamos, cómo comentamos las ideas de los demás, cómo sacamos lo mejor de nosotros en cada momento, cómo miramos un trabajo de un colaborador, qué conversación tenemos al llegar nuestros hijos a casa con las notas, cuántas veces agradecemos y cuántas le decimos a alguien lo que nos gusta de lo que ha hecho.

Ya hemos despertado el músculo.

El efecto llega directa e inmediatamente a otras partes del cuerpo. Respiramos mejor porque se abre el pecho. Sonreímos, y nuestro cerebro se pone como loco a liberar endorfinas, lo que produce efectos muy beneficiosos para nuestro organismo. ¿O será que el hecho de apreciar a los demás y lo que vivimos, hace que segreguemos una serie de sustancias que nos hacen sentir mejor y sonreír?

Una de esas sustancias, la adrenalina, está demostrado que potencia nuestra creatividad y nuestra desbordante imaginación. Y eso facilita seguro dirigirnos a un futuro más atractivo.

Ya despertado, toca entrenar al músculo apreciativo

Hemos despertado el músculo apreciativo y notamos sus efectos. Ahora, como cualquier músculo, toca entrenarlo.

Cuando empezamos a entrenar por primera vez (sobre todo siendo principiantes) el aumento de fuerza en un músculo se debe a una buena coordinación y a la adaptación del sistema nervioso.

Pasadas unas semanas, nuestro cuerpo es capaz de realizar más repeticiones. Y si entrenamos con perseverancia y motivación, nuestros músculos empiezan a adaptarse y a coger el tamaño que necesitan.

Así que necesitamos un buen plan de entrenamiento adaptado a cada uno de nosotros, a veces alguien a nuestro lado que nos lo haga fácil y una dieta rica en momentos apreciativos.

Nuestro músculo apreciativo se moverá en el sentido en el que nosotros lo movamos.

La repetición hará que vayamos entrenando, cogiendo fuerza y llegará un momento en el que sólo necesitemos cierto mantenimiento para que siga moviéndose. Porque además, entrenar la apreciación genera movimiento.

Y otra cosa increíble que pasa, es que nuestro cuerpo tiene memoria muscular y empezamos a apreciar de forma involuntaria (recordarán que los músculos realizan ambos movimientos: voluntarios e involuntarios).  Sale casi solo lo de apreciar. El efecto que se genera en nosotros y en los demás es brutal.

Aceleramos la transformación donde quiera que estemos: en nuestro entorno familiar, con nuestros hijos pequeños o adolescentes (prueben prueben), en nuestro trabajo, con nuestros compañeros, nuestros equipos, hasta con nuestros responsables.

Somos capaces de mantener una actitud y una energía incondicionalmente positiva y contagiarlo al resto. Además somos también capaces de movilizarnos hacia una imagen atractiva de futuro.

Hay tantas formas de despertar y mantener el músculo apreciativo como humanos somos en la Tierra. Cada uno tenemos en nuestro ADN cómo hacerlo.


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