La cultura es más fuerte que la estrategia

Si la estrategia es mantener y mejorar puede que la cultura actual nos ayude mucho.

Cuando la estrategia requiere cambios de comportamiento significativos, la cultura se come a la estrategia para desayunar.

¿Qué tipo de cultura necesitamos para el cambio acelerado y en la mayoría de las veces disruptivo del entorno? Una cultura que genere cambio, que se encuentre incómoda con no cambiar.

Si esto fuese así, la principal labor de la dirección sería priorizar los cambios que proponen las personas o grupos de interés, dotarlos de recursos, de tiempo, en definitiva esponsorizar los cambios más beneficiosos para hacer realidad la estrategia. Se trataría de liderar el cambio que genera la cultura, montado en una bola de energía en vez de en una maraña silenciosa de resistencia.

Esta cultura tendría, al menos, dos capacidades:

  • La capacidad apreciativa, ser capaz de ver lo mejor de lo que hay: las fortalezas a las que tenemos acceso, las oportunidades, los recursos, el potencial… todo aquello de lo que disponemos para hacer, la abundancia, esto genera ambición.
  • La capacidad de crear procesos que movilicen de forma simultánea a gran número de personas, de que cada uno haga lo que debe porque quiere. Así generamos acción colectiva, lo único que cambia de forma rápida la cultura. Lo demás es teoría.

 

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