Modulando la velocidad para acelerar los resultados

No sé si os ha pasado a todos, pero a mí los últimos meses se me han pasado rapidísimo. Al ir cumpliendo días y años, me viene a la mente la frase que oía a mis abuelos, “¡ay hija! ¿cómo pasa el tiempo!”.

Mirando de reojo hacia atrás siento como si estuviera metida en un tornado de esos espectaculares que aparecen en algunas películas americanas, o como si me tirara por el tobogán empinado de un parque acuático. Desde muchos sitios nos llegaba que la sociedad en la que vivimos iba demasiado rápido, que todos buscábamos la inmediatez, la respuesta en segundos, o mejor en milisegundos, que los más jóvenes no podían presumir de paciencia. Era el ambiente del todo para ya mismo. ¿Para cuándo hace falta esto? Para ayer.

Algunos sustos de salud impulsaron planes para fomentar el equilibrio, aprender a gestionar el estrés, distinguir lo importante de lo urgente.

Se empezaron a poner de moda algunos métodos y prácticas que ayudaban a bajar un poco ese ritmo. Incluso parecía que se tomaba en serio dentro de las organizaciones. Además, ya veíamos mucho más claro que esa prisa hacía peligrar resultados.

¿Qué es la prisa?

Según la RAE “La necesidad o deseo de ejecutar algo con urgencia”.

Tanto significado en tan pocas palabras. Desglosemos un poco esta definición.

Necesidad o deseo ¿de qué o de quién?, provocado ¿cómo?, necesidad ¿de cuánto?, deseo dirigido ¿hacia dónde? Victor Kuppers nos ha repetido unas cuantas veces que “lo más importante es saber que lo más importante…es lo más importante”.

Ejecutar (llevar a cabo una acción). Pero ¿Cuántas acciones a la vez podemos realizar? Hay expertos que os pueden explicar mejor cómo entrenando podemos ser multitarea, pero la eficacia se ve considerablemente mermada de una u otra forma.

Urgencia: ¿A cuántos os suena un curso que nos enseñaba a diferenciar lo importante de lo urgente? ¿Cuánto nos duraba el efecto del curso?

La prisa, esa emoción destructiva que nos hace ir con la lengua fuera, con la mochila a la espalda llena de cargas y obligaciones y la sensación de no llegar a lo que queremos llegar. Esa misma prisa que aleja nuestros objetivos, que nos hace ir corriendo sin llegar a cruzar la meta. Nos meten prisa, nos metemos prisa y la trasladamos a nuestros equipos.

Algunos dieron un giro a su vida después de parar y decidir que esa prisa no iba a guiar ni su presente ni su futuro.

Otros, en cambio consiguieron encontrar un pedal de freno y de vez en cuando lo usan y se paran. La única pega es que enseguida se descubren acelerando de nuevo y van dando tirones como cuando empiezas a aprender a conducir.

A muchos nos ha parado la vida alguna circunstancia personal y en este último año hubo unas semanas que parecía que nos habían trasladado al espacio. Allí sin gravedad, nos movíamos, nos mirábamos en la distancia como si estuviéramos viviendo una película sin guion, nos cruzábamos con miradas incrédulas, con ojos llenos de miedo, con manos tendidas ayudando.

No sé lo que duró esa ingravidez, de repente volvía a haber algo de prisa. Por comprar, por no quedarse sin lo esencial, por ocupar el tiempo que a veces corría y otras se paraba, por ayudar, por plasmar ideas, por sobrevivir, al fin y al cabo, por salir de esa situación.

¿Qué podemos hacer cuando estamos metidos en ese torbellino?

¿Y si la clave está en buscar la velocidad en lugar de quedarnos enganchados en la prisa?

El diccionario de la RAE nos dice que velocidad es “ligereza o prontitud en el movimiento”. Lo que necesitamos es encontrar la velocidad adecuada para llegar a nuestro destino. Ajustar esa ligereza será el punto de inflexión para lograr el éxito. Esta velocidad de crucero hará que podamos modular nuestro esfuerzo y guiar a nuestros equipos. Es la misma velocidad que nos hace invertir menos tiempo del que se considera normal en movernos.

Parece una contradicción, pero los resultados de una persona, de un equipo, de una organización se aceleran de forma espectacular cuando nos focalizamos (sin prisa) en eso que nos puede llevar a cumplir nuestros objetivos.

No quiere decir que hagamos las cosas más lentas, sino que modulemos la velocidad y utilicemos todos esos recursos que ya tenemos.

Cuando movilizamos todas las fortalezas con las que contamos, en el mismo sentido y hacia las aspiraciones alcanzamos más fácil la velocidad óptima y así el éxito está garantizado. Cristina Sendino

¿Quieres acelerar los resultados de tu empresa? Reduce la prisa y modula la velocidad.

Por Cristina Sendino, facilitadora y partner de Madavi, the YES company

 

 

 

 


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